Después de una vida de fiel servicio, rompióse el velador de la señora Herminia Propina, de 76 años. “Fué un regalo de mi marido Roque, Dios lo tenga en la gloria, para la navidad del 54. Me acuerdo porque estaba Perón. Era un veladorcito industria nacional, jamás me dió un disgusto. Yo le apretaba el botón y el señor se prendía, ya no hacen más las cosas así”, cuenta Herminia mientras la sombra del recuerdo le enturbia los ojos. “Yo soy de leer mucho antes de dormir, sobre todo las cajas de remedios y los prospectos. Investigo, analizo y comparo. En eso se me van las horas, hasta que caigo redonda. Por eso yo siempre digo que no puedo vivir sin un velador al lado de la cama”, explica. Y la televisión la espanta desde que vió a “unas mujeres en malla bailando con un caño como el que hay en los tranvías.”
Para sorpresa de su familia, la anciana ha comprado una lámpara de lava en reemplazo del austero velador justicialista. El vendedor le aseguró que era “casi lo mismo, pero mucho más cool.”
Increíblemente, a doña Herminia le ha gustado: “Esto es mucho mejor que ver una película o la novela. Me paso las noches en blanco mirando los colores y las formas que se arman y cambian... Invento historias, aparecen las caras del Roque, de Cristo, o de Hugo del Carril... Ya casi no leo y hasta me olvido de tomar la pastilla.”
Otro motivo de satisfacción para Herminia son las ahora más frecuentes visitas de sus nietos. “Nos sentamos alrededor de la lámpara y hablamos sobre cosas de la vida mientras ellos fuman algo medicinal. ¡Nos reímos muchísimo!”, cuenta.