
Tras una adolescencia y primera juventud dedicadas a la lucha contra los valores burgueses representados por sus padres, Florencia Feigenbaum, de 25 años, se casó con Rubén Segovia, colectivero.
A pesar de que llevaban casi un año de convivencia, la noticia de la unión cayó como un balde de agua fría entre los familiares y amigos de la chica, que esperaban “otra cosa”, “algo más” o “alguna otra cosa más normal” para ella.




